Yo no vengo a decir un discurso

por carles66

19/03/2009 La Ministra de Cultuta de Colombia ...
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García Márquez acaba de publicar en Mondadori un libro que recoge textos para ser leídos en público (a pesar del horror que el autor colombiano siente por los discursos). Si bien se trata de un libro de no ficción, el lector puede recorrer sus páginas como si de una novela se tratara. En él reconocerá a nuestro “Gabo” de siempre, con una de las mejores prosas que ha dado la literatura universal. Destacaríamos de su lectura la humildad con la que se dirige a sus oyentes, su humor y fina ironía, pero también la contundencia de sus argumentos y la crudeza y clarividencia con la que desvela ciertos aspectos de la situación de Sudamérica en el mundo actual. Ah, también el reconocimiento a sus maestros, como William Faulkner. ¡Qué importante es escuchar de alguien tan grande como él la necesidad de ser enseñado, acompañado, en cualquier camino que uno decida recorrer! Cuando alguien declara que no ha tenido maestros en su vida siempre pienso que, una de dos, o miente para darse una importancia que no le sirve de nada o, si es verdad, es alguien que no ha tenido suerte en la vida, una lástima, vaya.
El libro es un salvoconducto para la depresión, no me resisto a transcribirles el fragmento final de su discurso de aceptación del Nobel que no tiene desperdicio (luego, si quieren, pueden escucharlo en el vídeo):

“(…) Ante esta realidad sobrecogedora que a través de todo el tiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores de fábulas que todo lo creemos nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía creadora. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la Tierra.”

Bien es cierto que algunos querrán ver una cierta ambigüedad con respecto al tema de Cuba. Pero este hecho no debe enturbiar, creo yo, lo que supone la base del libro: la búsqueda de la felicidad, de lo más auténtico del ser humano. Es esto lo que cuenta y los que quieran ver otras cosas es mejor que se queden en casa. No está escrito este libro para polémicas estériles sino para aprovechar todo lo bueno que tiene, que es mucho. Necesitamos más este “mucho” que lo “poco” que se podría objetar.

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