El señor Brecht

por carles66

Afortunadamente, estas páginas tienen vocación de intimidad (o de intimidad compartida, que viene a ser lo mismo). Dígolo porque, de lo contrario, esta entrada vendría a ser como un tirar piedras contra el propio tejado, sea dicho con alguna exageración, que conste. Y esto es así porque acabo de leer en versión castellana el libro de Gonçalo M. Tavares, “El señor Brecht” (publicado por Mondadori en 2007). Remarco lo de la versión castellana porque tuve la ocasión de leerlo por primera vez en la versión catalana que nos hizo llegar Alfons C. Salellas por si interesaba publicarlo en Témenos. Y nos interesó, vaya que sí, tanto que, de no impedirlo ninguna fuerza oculta, pronto saldrá a la luz. Entiéndase ahora lo de las piedras, el suicidio y demás. El libro está muy bien. Sus breves narraciones, llenas de un surrealismo evocador y de una fina mirada sobre el mundo es un bálsamo para estos tiempos raros que nos ha tocado vivir. Así que, cuando salga en Témenos, lean sus páginas y disfruten. No digo más para no ser menos pero, como siempre, les dejo como pequeño anticipo una de las narraciones del libro en versión de Salellas.

 L’home mal educat

 

El mal educat no es treia el barret en cap situació. Ni quan passaven les senyores, ni en reunions importants, ni quan entrava a l’església.

De mica en mica la gent va començar a sentir rebuig per la indelicadesa d’aquest home, i amb els anys aquesta agressivitat va créixer fins arribar a l’extrem: l’home fou condemnat a la guillotina.

El dia en qüestió va col·locar el cap al cep, sempre, i orgullosament, amb el barret.

Tothom esperava.

La làmina de la guillotina va caure i el cap rodolà.

Però el barret seguia en el seu cap.

Llavors, s’hi aproximaren per arrencar-li finalment el barret a aquell mal educat. Però no ho van aconseguir.

No era un barret, era el propi cap que tenia una forma estranya.

 

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