Riña de gatos. Madrid 1936

por carles66

La última novela del gran Eduardo Mendoza, Premio Planeta 2010, es una magnífica ocasión para seguir explorando aquello que hace, desde mi humilde punto de vista, que una novela sea grande de verdad. En esta ocasión, me gustaría esbozar sólo dos apuntes sobre la idea del personaje protagonista. En los grandes novelistas actuales (Landero, Marsé, Antonio Soler…) empieza a ser común elegir para protagonistas de sus obras personajes que, de alguna manera, encajan a la perfección con el mundo que nos ha tocado vivir. Son personajes que, desde su bondad y sentido de la honradez, se ven expuestos a un mundo que les vuelve la espalda o que les recuerda, a veces con crueldad, su papel de marginados. En un sentido son auténticos héroes, porque logran mantenerse coherentes ante la desesperación de vivir lo que no entienden ni comparten, pero, por otro lado, serían símbolo del “anti-héroe” moderno porque, a diferencia de los personajes de cómic que hoy en día nos quieren vender como referencias de éxito, nunca figurarán en las portadas de los grandes diarios. El lector se identifica con ellos porque le representan, porque son ese bálsamo que cura las heridas del desemparo. No estamos solos, aún nos queda algún que otro  Anthony Whitelands para asirnos a la esperanza. Cuando el protagonista de “Riña de gatos” vuelve a su casa, nosotros emprendemos el viaje con él, sin nada en los bolsillos, cierto, pero con la sonrisa de satisfacción que produce el poder mirar atrás sin ira, el sabernos a salvo de un modo de vida que sólo proporciona dinero y poder. Sólo eso. Leamos pues esta novela, para reencontrarnos con la literatura y con lo mejor de nosotros mismos. ¡Que aproveche!

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