Caligrafía de los sueños, de Juan Marsé. Sant Jordi

por carles66

Día importante hoy, y emocionante. Lo paso en Berga por primera vez. Buen ambiente en la calle a pesar del tiempo. Compro Contra la mort, de Pere Rovira, un poemario que apareció en febrero y al que tenía ganas. También celebro con la editorial L’Albí sus veinticinco años y adquiero los dos primeros volúmenes de una nueva colección, “L’infern de l’americana”. Se trata de L’Albí, precisamente, relato del escritor de Berga Ramon Vinyes y Terra de ningú, de la escritora vietnamita Duong Thu Huong. Prometen momentos felices.
Ahora toca hablar de la novela que acabo de terminar de leer, Caligrafía de los sueños, del gran Juan Marsé. Ambientada en el barrio barcelonés de Gracia, sus páginas muestran los años de adolescencia de Ringo, un muchacho que se inicia en las turbulencias de la vida adulta en un ambiente de posguerra que no resulta propicio para las ilusiones. La amistad, el amor, la relación con sus padres… van marcando sus decisiones y el rumbo que irá adquiriendo su vida. Sobrevolando todo ello, la literatura (y también el cine) se convertirá para nuestro joven protagonista en un refugio donde encontrar un ámbito posible para la aventura y la posibilidad de huir de un mundo que decididamente le resulta hostil. Escrita con la maestría habitual, la lectura de esta novela logra sumergir al lector en un ambiente y unos escenarios que nos acercan a una realidad y a unos personajes que poblaron las calles de nuestra ciudad no hace tanto tiempo. La novela mantiene perfectamente el pulso narrativo y logra que el interés del lector no decaiga, incluyendo un final con un poco bastante de sorpresa que logra que algunos de los sucesos acaecidos durante el relato tengan que ser vistos desde otra perspectiva a la que teníamos, guiados por Ringo, acerca de personajes y situaciones vividas.
Feliz regreso, pues, del escritor catalán a las librerías y que refuerza el peso que Juan Marsé tiene en el panorama actual de la narrativa en castellano, al margen de polémicas estériles que no aportan nada.  Sus libros perdurarán en el tiempo, sin duda, y refuerzan esta visión de la literatura como algo necesario y útil en el mundo que vivimos para no perdernos entre tanta locura y falta de sentido común. Los libros nos salvan, y en este día vale la pena reivindicar su lugar en el mundo y alejar para siempre el fantasma de un futuro sin libros, que es casi como decir un futuro sin esperanza, sin humanidad.

 

 

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