El club de los estrellados, de Joaquín Berges

por carles66

Me hubiera gustado titular esta entrada “Un lugar en el mundo”, pero para no alterar la unidad con el resto de entradas me conformo con mencionarlo ahora, en la primera línea. Y lo hubiera hecho porque creo que ésta es una de las cosas que el lector va a recordar más de esta excelente novela: todos tenemos un lugar en el mundo y nuestra misión es encontrarlo y disfrutarlo. Los inolvidables personajes que aquí encontramos: Francho y su amigo, Hortensia, Chelo, Irene, buscan, a veces sin saberlo, su lugar en el mundo, ese lugar que se encuentra a medio camino entre el que ocupamos por casualidad, rutina o pereza y el que deseamos, soñamos o creemos merecer. En esa lucha cada uno sufrirá su particular transformación, encontrará las herramientas para que las cosas dejen de ser lo que eran y se acerquen más a lo que les gustaría. No lo lograrán del todo, pero… ¿quién lo hace? La sal de la vida no radica en llegar a algún sitio, sino en saber que caminas en esa dirección. Son luchadores y, en cierta medida, triunfadores. Sus vidas no saldrán en las primeras páginas de los periódicos ni habrá nadie de la prensa del corazón que se interese por ellas (afortunadamente…), pero ellos sabrán que, aunque sea apenas unos centímetros, han logrado variar algo el curso de la rutina, del dejar pasar los días sin que nadie cambie.Vivimos en un mundo que sólo atiende a los números uno, a los genios, a los que tienen más. Los demás, al parecer, debemos conformarnos con verlos gesticular como si estuviéramos delante de un escaparate. En “El club de los estrellados”, sus personajes rompen el muro que separa a los que tienen las riendas de quienes las padecen, se convierten en testimonios de que todo es posible (la heroicidad, la complicidad, la confianza en los demás, el amor, la amistad, ser uno mismo…) para que quede claro que la vida nos pertenece, con sus alegrías y penas, con sus logros y fracasos. 
En momentos en que se vuelve a cuestionar la vigencia de la novela o su futuro, leer a los buenos escritores nos devuelve la confianza en que esto de la literatura es algo más que un invento para aburridos, que nos enseña, nos salva, nos pone frente a lo que somos para ayudarnos a reflexionar y, en consecuencia, ir mejorando un poco día a día, página a página. Y para ello no es necesario que salga una obra maestra cada semana, basta con la gente que se dedica a ello con honestidad y talento. Gracias, pues, Joaquín, por tus novelas y esperamos ya con ansia la tercera.

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