Lent, de Narcís Comadira

por carles66

comadiraEn el número 2 de la revista “Poetari”, el poeta Lluís Calvo dice a propósito de este libro (traduzco del catalán): “Narcís Comadira retoma, en Lent, sus grandes temas: el recuerdo, lo inexorable de la madurez, los instantes que no volverán, la decadencia de los humanos enfrentados al tiempo. Pero aquí se constata, también, un carácter decididamente seco y duro, aunque sin salidas gratuitas de tono. Esta combinación hace que Narcís Comadira se alce con una voz portentosa y dotada de una admirable capacidad de convertir cualquier hecho u observación en policromía literaria.” (pág. 89). Sabias palabras que enmarcan perfectamente lo que nos ofrece esta excelente colección de poemas del poeta de Girona. Tan sólo quisiera añadir unas breves reflexiones sobre el título, Lent (Lento), cosa que también hace el poeta al principio del libro. Si la poesía es hoy una de nuestras tablas de salvación es, precisamente, porque nos aporta algo que cada vez más es difícil de encontrar a nuestro alrededor. La poesía necesita de la lentitud para ser leída y para ser escrita. ¿Se han dado cuenta de una cosa? Hay muchos lectores que lo primero que te dicen de un libro es lo rápido que se lo han leído (si el libro tiene muchas páginas mejor porque así demuestra -lo creen realmente- su condición de excelentes lectores). Las cosas tienen que consumirse rápidamente para permitir apuntarnos en la lista de “he-sido-de-los-primeros-en-hacerlo”. No importa cómo, ni por qué, basta con el hecho de poder presumir de ello. ¿Qué te ha aportado? ¿A quién le interesa? La poesía, toda la literatura, necesita de la  que sólo una degustación tranquila y mesurada puede proporcionarte. De esta manera se puede llegar a sentir el poema como si penetrase en tu alma para revelarte aquello que de verdad necesitamos. No importa, pues, el tiempo que le dediques, o mejor, sí importa, cuanto más mejor, no al revés. Lo mismo ocurre cuando se escribe. Muchos poetas con los que he tenido la suerte de conversar me han expresado esa necesidad que siente de guardar los poemas en un cajón para luego, pasado el tiempo, volver a leerlos y terminarlos. Así se crea la distancia necesaria para convertir la vida en literatura, la experiencia en artesanía, la vivencia en oficio. El poeta que escribe para presentarse al próximo premio literario, por ejemplo, puede perder esa lentitud tan necesaria para saber que aquello que has escrito merece formar parte -por pequeña que sea- del equipaje vital de una sociedad, dicho de otra manera, de la cultura. ¡Feliz lectura!

Silencio esta noche de mayo.
La luz blanquecina huye
lenta por los desguaces del cielo.
En el corazón, los rastros de tu vida.

El día ha sido dulce, el mar
brillaba sonriente y el aire
venía todo perfumado de recuerdos
de nuestra juventud perdida.

Ahora tus días dependen
de las frágiles, intermitentes memorias
de los que te hemos conocido y amado.
Nada. ¿Para esto nuestro orgullo

de hombres sobre la tierra? ¿Para esto?
La red negra está a punto.
Nadie de nosotros escapará
de una malla tan fina.

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