La civilización del espectáculo, de Mario Vargas Llosa

por carles66

MarioVargasLLosaAl margen de que un libro del escritor peruano es ya de por sí un motivo para encontrarse de nuevo con la mejor literatura, en esta ocasión hay que agradecer, además, que se pretenda poner un poco de sentido común (sí, de acuerdo, ese infrecuente sentido común) a un tema que, si no ponemos pronto remedio, puede contribuir de manera directísima a que toquemos fondo de una vez y para los restos. Vivimos en una sociedad en la que la banalización ha invadido todos los ámbitos, incluso aquellos que más alejados se habían mantenido de tanta simplificación y superficialidad. Hoy todo es, o debe ser, fácil, ameno, poco comprometedor con el esfuerzo (¿esfuerzo?) personal y, sobre todo, divertido. Así, espacios esenciales como la cultura, la educación, la propia convivencia entre los humanos, se han teñido de colorines impropios, han desvirtuado la esencia que las constituía y se han convertido, esperemos que no definitivamente, en un espectáculo donde lo único que cuenta es no aburrirse mucho y no usar en exceso el cerebro. Vargas Llosa, con valentía y acierto, pone el dedo en la llaga en algo que nos cuesta reconocer pero que nos caracteriza hasta ruborizarnos: bajo una supuesta libertad creadora y con el escudo del éxito económico o de la popularidad efímera y devastadora, nos han colado demasiados goles, han convertido papanatas sin oficio ni beneficio en auténticos genios y, quizá sea esto último lo más lamentable, han hecho que nos creamos que lo que sale en televisión en horario de máxima audiencia merece más nuestra atención que el trabajo callado y silencioso, casi anónimo, de tantas y tantas personas que, en nombre de la auténtica cultura, dejan como legado a la sociedad una obra, un testimonio, que si bien no les habrá aportado reconocimiento, sí que habrá logrado ponernos a salvo de tanta impostura. El entretenimiento es necesario, nadie lo pone en duda, pero no puede ser éste el único camino en nuestras vidas. El ser humano es un ente global, complejo, lleno de matices, y si, como dijo Terencio, Homo sum; humani nihil a me alienum puto, también en nuestras vidas debemos encontrar un espacio para aquello que, si bien no es fácil, nos reporta la satisfacción de irnos superando un poco cada día. ¡Feliz lectura!

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