Entre el desert i el cactus, de Anna Cortils

por carles66

annaHoy he tenido la satisfacción de asistir a la presentación de este poemario (“Entre el desierto y el cactus”) de Anna Cortils, publicado por Meteora. Mientras me firmaba el libro le he dicho a la autora que quería leerlo hoy mismo, que no podía esperar más. Si a este deseo se une ya la lectura del primer verso: “Te n’has anat i ens has deixat sense poesia” (Te has ido y nos has dejado sin poesía), estaba claro que iba a cumplir con lo prometido sin mayores esfuerzos. El libro parte del recuerdo de un amigo fallecido en trágicas circunstancias, el excelente poeta valenciano Salvador Iborra. Reto difícil el de escribir desde la más absoluta proximidad, como una catársis reparadora, como una especie de exorcismo contra el horror y la sinrazón. Y más si pensamos que este es el primer libro de la poeta que, sin embargo, goza ya (a pesar de su juventud) de una larga experiencia como traductora y persona entregada a difundir la Cultura, así, en mayúsculas, allá donde esté. Pero Anna ha salido airosa del envite, y lo ha hecho (desde mi modesta opinión) porque ha sabido convertir en literatura aquello que en un primer instante, terrible y devastador, fue “sólo” vida. No podemos escribir sin la distancia, sin ese “extrañamiento” que convierte nuestra anécdota en algo que compartir con el lector, ese misterioso personaje que cree conocernos sin saber nada de nosotros y con el que no podemos hablar para explicarnos. Anna habla de la muerte y también del amor no únicamente como sentimientos que vive intensamente, sino, también, como parte de lo que nos configura a todos como seres humanos y nos identifica. El lector, de esta manera, agradece cada uno de los versos como elementos que le ayudan a moldear la propia existencia, como si fueran las palabras que siempre había querido expresar y que, en la voz de la poeta, encuentran por fin su materialización. Libro altamente recomendable y del que, como siempre, me atrevo (los dioses me perdonen) a traducir un poema:

Llueve,
llueve sin parar
sobre Lisboa, y
debes de estar contento
porque llueve.
Desde aquel día
que llueve, llueve sin parar
sobre mojado
y no olvidamos, ni un instante
el latido que es como la lluvia.
Y llueve
llueve siempre,
no hay día que no te pensemos,
llueve, y llueve
y estás
a pesar de la lluvia
siempre estás
llueve, llueve,
continuamente
llueve.

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