No me cuentes tu vida, de Luis García Montero

por carles66

Si la literatura nos salva, el ejercicio diario de la escritura puede ser el mejor complejo vitamínico para erradicar virus, melancolías y falsos entendidos. Así lo debió de pensar Juan, el personaje-narrador de esta novela,  cuando se puso escribir la historia de su vida sin que nadie se lo pidiese e incluso cuando muchos no lo querían. La introspección, la reflexión, la simple observación de lo que pasa y nos pasan parecen estar cada vez más alejadas de la cotidianidad de nuestro alrededor. Hablamos sin pensar en lo que decimos, calibramos poco o mal las consecuencias de nuestros actos, tratamos, en definitiva, de justificar lo injustificable sin cuestionarnos nada, sin reclamarle al tiempo la responsabilidad de cada paso. Pararse a pensar, pararse, debería ser asignatura obligatoria para la carrera de la vida. Sabernos conocer en cada lágrima y en cada sonrisa, en cada mano encajada y en cada saludo no dado, en nuestras soledades y en nuestras relaciones, en los aciertos, en las renuncias. El lector encontrará entre las páginas de “No me cuentes tu vida” buenos ejemplos de esta práctica tan recomendable y necesaria. El maestro, una vez más, que nos guña el ojo para acompañarnos en el camino. Todo un lujo.

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