Arqueologia, de Enric Sòria

por carles66

Enric SòriaUna de las cosas que nos enseña la poesía es que tenemos que hacerla nuestra. El lector debe convertirse en un “segundo autor” del texto y buscar su sentido, su propia interpretación. Así pues, no tenemos que leer un poema como si fuera una adivinanza, tratando de encontrar un sentido oculto, una única significación, que sólo conoce su autor primero, sino que, dejándonos empapar bien por el texto, dejar que éste se revele, nos revele, aquello que tiene que decirnos. A este propósito dice Antoni Marí: “Creo que cualquier libro se adecúa a la mirada de quien lo lee, y aquí la subjetividad es la que decide la lectura y las conclusiones”. Cobra así mayor realce la figura del poeta como transmisor, no creador, de sentidos, emociones y pensamientos. Para ello, el lector debe formarse y esforzarse, quizá por ello hoy no leamos tanta poesía y, en cambio, los recitales se llenen con público entregado y atento. El rapsoda, como el poeta, también nos ofrece su interpretación, aunque en su caso, tiene el apoyo de la voz, los silencios, el gesto. Si le añadimos a ello la música, el efecto se engrandece. El libro de Enric Sòria nos permite este ejercicio porque, a mi modo de ver, pone de relieve la importancia del diálogo con el pasado para interpretar el presente. Los poemas están llenos de estos diálogos con los clásicos que tanto nos enseñan, tanto en el ámbito de la literatura como de la pintura, la filosofía, etc. Mirar al pasado no es únicamente un acto de erudición o de nostalgia, es un ejercicio necesario para comprendernos en nuestro ser y estar actuales y lo único que, si aún estamos a tiempo, nos permitirá avanzar con paso seguro. Si aprendemos a interpretar y reflexionar sobre lo que nos pasa y nos ha pasado, quizá podamos aventurarnos a soñar qué nos podrá pasar en el futuro. ¡Feliz lectura!

Ella sonríe mientras se quita la ropa.
Celebra la epifanía del cuerpo,
que es joven y breve y cómplice del juego
de cerrada plenitud que se exhibe
y se proclama gozoso frente a los ojos.

Nada de tan estimable como esto:
que en el acto de ofrecerse
habite la alegría.

66_Arqueologia  Soria001

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