Absolución, de Luis Landero

por carles66

landeroLeer a Landero es reconciliarse con el mundo. Es una suerte que tengamos escritores tan comprometidos con el oficio y el arte, con su mundo y sus circunstancias, para que nos ayuden a vislumbrar cuál es el mejor camino en este tortuoso tránsito que es el vivir. De nuevo nos encontramos con un protagonista, Lino, que vendría a ser algo así como un anti-héroe contemporáneo, alguien que, en su desdicha, es capaz de hablar por todos nosotros, erigirse en portavoz de muchas vidas y rescatar la dignidad que, a veces, la derrota nos niega. Lino tiene algo o mucho de todos nosotros. En sus renuncias, en sus miedos, reconocemos muchos de nuestros propios temores; cuando decide cambiar el guion de su vida (algo que parecía destinado a ser como tenía que ser) sabemos que nuestras vidas también podrín cambiar en un segundo: un accidente, un encuentro inportuno, una pequeña vacilación… y el castillo de naipes se desmorona ante nuestros ojos. Pero, y para mí esta es una de las reflexiones importantes del libro, no hay resignación. El castillo de naipes tiene que volver a levantarse porque está en nuestra condición de seres humanos el vivir y tratar de hacerlo lo mejor posible. Por ese motivo Lino rehace el argumento de su vida, en apariencia caótico (caminar sin rumbo fijo), pero que le lleva a buscar la felicidad buscándose a sí mismo. Al final del libro, por qué no, uno cree que la ha encontrado. También como la mayoría de nosotros, sus lectores, seguimeros buscando, seguiremos luchando sabiendo que lo importante es no rendirse, por muchas ganas que tengamos. ¡Feliz lectura!

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