De Ulises a Tintín. Luis Alberto de Cuenca. Revista Litoral n.255

por carles66

Estos objetos de arte que son las diferentes ediciones de la revista Litoral celebran la llegada de un nuevo miembro a su colección: nada más y nada menos que un ejemplar dedicado al poeta y ensayista Luis Alberto de Cuenca. Cada página es un homenaje al autor madrileño y una auténtica joya del buen decir y del mejor presentar (o viceversa). Artículos sobre su obra, poemas inéditos, una antología temática, recuerdos y vivencias de gente que le conoce, estima y admira, curiosidades (como la de ser Luis Alberto el autor de las conocidas canciones de La Orquesta Mondragón Caperucita feroz Viaje con nosotros.), su insaciable curiosidad por la cultura, desde los clásicos hasta el tebeo, pasando por el cine, la música o la pintura, en fin, el lector encontrará en las páginas de la revista/libro más de una satisfacción y buenos momentos de felicidad.

revista_litoral255

No puedo resistirme a transcribir uno de los poemas, que aparece acompañado de una fotografía de un Luis Alberto de pocos años de edad:

  No he cumplido dos años. Aparezco sentado
en las escalerillas de entrada al viejo hotel
donde veraneábamos, sumido en la presunta
lectura de un tebeo (parece un Pulgarcito,
pero la foto es mínima y está mal conservada).
Mis mejores juguetes, los que aún se dan cita
en el café con velas de mi memoria, fueron
aquellos deliciosos tebeos apaisados
de Maga o Valenciana que valían seis reales.
Los deseaba más que a la vecina rubia
a la que José Luis y yo tanto espiábamos
en misa de once. Eran lo mejor que tenía
para vencer la angustia de ver pasar el tiempo
que me hacía mayor, el antídoto ideal
contra todas las penas. Los leía a la hora
de la merienda, cuando la casa estaba
más tranquila, a la hora del pan con chocolate
o del pan con aceite, que dejaba perdidos
de migas los tebeos. Los leía con pasmo,
con avidez, con miedo de que se terminaran.
Nací con un tebeo delante de los ojos
(lo estaría leyendo, tal vez, la comadrona)
y seguiré leyéndolos hasta el último guiño
de luz, antes de hundirme en la definitiva
noche oscura del alma.

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