Mr. Gwyn, de Alessandro Baricco

por carles66

Este libro, publicado por Anagrama en noviembre de 2012, permanecía en mi biblioteca en ese espacio de los tesoros por descubir, esperando el momento propicio para ser leído. Los libros, como todas las cosas importantes de nuestra vida, tienen su momento y su lugar, no necesitan forzar situaciones para dejarse ver, son pacientes y entienden que la novedad no siempre es el mejor motivo para entrar en una historia y la vida de sus protagonistas. En este caso, además, la magia es doble porque fue otro libro del mismo autor, Tre volte all’alba (que sí es una novedad), quien me hizo empezar a leer Mr. GwynLos libros son, pues, generosos y saben ceder el paso a los mayores y esperar su turno sin empujones ni codazos. Seguro que se lo hablaron entre ellos y pactaron este orden con una sonrisa de complicidad. Los libros son así.

La historia es excepcional, escrita con esa belleza detenida tan propia del autor y que tanto me recuerda la serenidad de un haikú. Jasper Gwyn es un escritor que, para mí, busca la Belleza, mejor dicho, el camino que le lleva a ella, el “do” de la cultura japonesa. Hay muchas maneras de llegar: no importa si uno hace bombillas, escribe libros, es un buen amigo… Cada ser humano busca su propia manera de hacer el mundo un poco mejor. No hay mayor mérito ni más honor que éste, aunque luego ninguna televisión te lo reconozca. Jasper lo encuentra en escribir retratos. Pero, a veces, el camino nos enseña su lado menos amable. Los cantos de sirena, la maldad, la debilidad, nos acechan por doquier y podemos caer en sus trampas con suma facilidad. También este peligro nos hace humanos y sería absurdo no reconocerlo. El protagonista de esta novela conocerá ambos aspectos de la realidad y ayudará de esta manera al lector a encontrar su propio camino. Quizá éste sea uno de los objetivos sagrados de la literatura: arrojar luz a nuestra oscuridad, acompañar nuestro camino, ser cómplice de nuestras vidas. Baricco, una vez más, lo consigue y es obligado estarle agradecido. ¡Feliz lectura!

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