Remor de serps, de Agustí Vehí

por carles66

2_FotoBueno, los propósitos consustanciales al inicio de un nuevo año no han hecho sino desmostrar, una vez más, que los tópicos están para cumplirse, es decir, que, una vez más, se quedan en agua de borrajas. Me las prometía muy felices con aquello de “ponerme al día” pero, en fin, tampoco nos vamos a obsesionar con ello. Empecemos, pues, la crónica de libros del año y ya iremos dando cuenta de las lecturas siempre que sea posible.
Toca un nuevo título de “Crims.cat”, colección y editorial que nunca defraudan a sus lectores. En este caso, con la novela “Remor de serps” (Rumor de serpientes) publicada en 2013, del autor de Figueres, Agustí Vehí. El elemento que más quisiera destacar es la sensación que me ha quedado después de su lectura (disfrutada página a página, todo hay que decirlo), que no es otra que la de haber asistido al secular combate entre el Bien y el Mal para constatar que, como casi siempre, de tan desigual lucha es difícil salir derrotado o vencido del todo aunque, eso sí, con un sabor agridulce en el cuerpo que difícilmente, viendo cómo está el mundo, nos va a poder abandonar. En efecto, ambientada en el París posterior a la Guerra Civil Española y abocado a la Segunda Guerra Mundial, los personajes que protagonizan la novela se verán envueltos en una lucha que les atrapa sin remedio y en la que, muchas veces, actuarán como comparsas movidos por unos hilos invisibles que mueven sus existencias. Por un lado, los “buenos”, que son también los “perdedores”, personas que se mueven por unos ideales de justicia y solidaridad que no siempre sabrán llevar a cabo. Éste es otro de los aciertos, a mi modo de ver, de la novela: no hay maniqueismo. Entre los “buenos” también los hay dispuestos a poner bombas a poco que se presente la ocasión o que no entienden que un miembro de la policia (republicana, eso sí) pueda ser de los suyos y estar comprometido con la causa con todas la consecuencias. En el otro, los “malos”, los fascistas de España y Alemania que tienen en el París de 1940 un escenario idóneo para desarrollar sus vilezas casi impunemente. Y esa lucha también es nuestra lucha, la actual, la de nuestros días, en los que los corruptos y aprovechados parece que se salen siempre con la suya mientras los más desfavorecidos se ven empujados a dejar sus casas o malvivir de cualquier modo. Es la eterna lucha entre la justicia y el caos, la lucha en la que (y esperemos que esto no cambie nunca) el verdadero héroe es aquél que se mantiene fiel a sus principios y no se deja tentar por las comodidades del poder,. La dignidad, al fin y al cabo, es de aquella cosas que todavía nos hacen sentir humanos y a salvo, a pesar de los pesarres. ¡Feliz lectura!

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