Swing, de Francesc Garriga Barata

por carles66

garrigaAhora me doy cuenta que he escrito el nombre del autor en mayúsculas, espero que sabrá perdonármelo. Hay libros que no pueden leerse como los demás; libros que, al abrir sus páginas, te dicen muchas más cosas que las que puedes leer. Esto me ha ocurrido con Swing (Labreu, 2015). Su autor nos dejó antes de verlo en las librerías y cuando pasas tus manos por la cubierta, hojeas sus páginas, lees los poemas, la imagen del poeta se te coloca detrás del hombro y, con aquella medio sonrisa socarrona, te acompaña en su lectura. Tuve la suerte de conocer a Francesc Garriga y compartir con él algunos momentos que llevaré siempre en la memoria. No fui amigo suyo, no, y cuando pienso en él lo hago más por los poemas que escribió que por lo poco que le traté, pero también quiero sumarme a los homenajes que está recibiendo con esta sencilla crónica. En el libro el lector encontrará, desde mi punto de vista, la exaltación mesurada de la lucidez. La conciencia del paso del tiempo, de aquello que se ha perdido, de la cercanía de la muerte, impregna los poemas de un cierto pesimismo que, sin embargo, se ve desarmado por el uso de la ironía, por la constatación de que la edad no termina de aniquilar los sueños, las ilusiones, que las experiencias vividas son poso indeleble que te ayuda a avanzar. El querer seguir avanzando, a pesar de los pesares, disfrutar de cada instante que te regala la vida, saborear las pequeñas cosas que son tan importantes son aprendizajes vitales que Garriga nos regala a través de sus versos y se nos quedan grabados en la memoria para siempre. Por esta razón, quizá, también podamos celebrar que Francesc no se nos ha muerto del todo y que, gracias a sus libros, nos seguirá hablando cuando le necesitamos. ¡Feliz lectura!

el olor de los pinos despierta
caricias olvidadas,
el bosque invita a la nostalgia.

cautivo de lo que no tengo,
recuento lo que he perdido.

he aquí lo que ahora amo:
la flor que lucha ente zarzales,
los árboles que reencuentran hoja y fruta,
las cuatro estaciones del verde al blanco

y el rayo inesperado de un sol de lluvia
que tinte el cielo con los colores del arco.

y el gozo efímero de un nuevo día
y basta.

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