Ya no es tarde, de Benjamín Prado

por carles66

imagesLa primera palabra que se me ocurre para estas notas es la de GRACIAS. Gracias a Visor por encargarle a Luis García Montero y a Jesús García Sanchez la dirección de este auténtico lujo que es la colección Palabra de Honor; gracias a Juan Vida por su diseño y, claro, a Benjamín Prado por estos poemas. Al leerlos, me reconciliaba con la idea de poesía que se ha ido esculpiendo en mi interior y que me parece, dadas las circunstancias, que ya no me va a abandonar. Es una poesía en la que el lector se siente a gusto, confortable, como en casa. Y no por su facilidad o su falta de rigor, no, la poesía, la auténtica poesía, nunca es fácil. Se trata, en todo caso, de esa rara sensación que te queda cuando crees, gracias a las palabras, que el poeta se dirige a ti y para ti. En definitiva, son unos poemas que cumplen la función sagrada de salvarnos, de abrigarnos en la intemperie de este mundo que no atiende a razones, de curar nuestras heridas, de reconciliarnos con nosotros mismos. “Un poema que escuche a quien lo lee”, nos dice el poeta. ¡Qué maravilla! Humildad y grandeza en apenas ocho palabras, sabiduría y curiosidad por aprender en el espacio mínimo de un verso. El poeta se esconde tras sus versos y los escucha con nosotros, casi como si no fueran suyos, porque él también necesita de la poesía. Cuando a veces contemplo con preocupación a estos “genios” de las letras que te miran por encima del hombro y que creen que el mundo les debe una estatua en cada esquina, le doy la mano a poetas como Benjamín, como Luis, como Carlos o Luis Felipe, también a Luis Sánchez Rosillo o a Luis Alberto de Cuenca, a don José Corredor-Matheos, a tantos otros y otras que saben que con la poesía tenemos el deber del agradecimiento y que es ella la que nos pedirá cuentas de nuestros actos (de nuestras lecturas) y no al revés. La lectura de “Ya no es tarde” es una terapia necesaria y placentera, a la que volver dejándola en la mesita de noche, cerca de nosotros, por si una noche nos cuesta dormir y necesitamos una voz que nos arrulle con su paz, con su belleza.

(…)

tú y yo

sencillamente

estamo hechos

para ti

y para mí.

Ya lo saben. ¡Feliz lectura!

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