Llibre dels xiscles, de Rosa M. Arrazola

por carles66

baixa (3)La ventaja de un espacio como éste es que uno escribe sobre lo que le gusta sin necesidad de pensar en quedar bien (o mal) con nadie. Los libros que te atrapan no son siempre los de mayor reconocimiento o aquellos que figuran en la lista de los más vendidos. Uno tiene claro lo que les pide y, cuando lo encuentra, escribir sobre ello es un agradecimiento obligado. Esto es lo que me ha pasado con estos “chillidos” de la autora de Barcelona Rosa M. Arrazola (de quien he leído “Rai”) y que publicó Paralelo Sur Ediciones en 2013. La poesía de Arrazola es de aquellas que dicen cosas, sin ocultarlas en equilibrios de saltimbanqui ni en trajes desmedidos que alejan al lector, curiosamente, de lo que uno pretende. Cosas bien dichas, en las que nos reconocemos y en las que apreciamos escuchar la reflexión lúcida, pero también estética, de la persona, de la artista, que sabe poner sus armas al servicio de la comunidad, desde su radical reafirmación del propio “yo”, pero sin sentirse por ello distinta a los demás, es más, deseando que sus palabras, sean gritos, chillidos o susurros, también de quienes lo leen. Los versos de Arrazola quedan baixa (1)resonando en nuestro interior, nos acompañan una vez la lectura ha concluido, nos hacen pensar, mirar la realidad que nos rodea con otros ojos sin dejar de ser  nosotros mismos. La poesía es grito, también, es altavoz que despierta conciencias y no deja que nos durmamos, que nos volvamos insensibles o rutinarios. Rosa M. Arrazola logra sacudirnos del letargo y se le agradece. Que por muchos años. ¡Feliz lectura!

Esta plaza

Decir plaza es decir palabra,
es arraigar verdad en la verdad,baixa (2)
es abrirse camino para dialogar;
es hacer versos para vender fantasías
en días de mercado.

Decir plaza es reencontrarse,
es feriarse en domingo;
es comprar a la payesa la lechuga
y sentarse con amigos
a tomarse un cortado;
es quedarse si tu te has ido.

Decir plaza es decir mirada,
es jugar a la pelota
cuando tu memoria
no reconoce la palabra Afganistán;
es vestirse para bailar sardanas,
en la fiesta grande,
es dibujar rayuelas y saltarlas
aunque te aprieten los zapatos
y estos talones de aguja
te duelan.

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