Lo que sé de mis libros

Un espacio para guardar la memoria

Categoría: ensayo en castellano (traducción)

De què parlo quan parlo d’escriure, de Haruki Murakami

murakamiLibro publicado por Empúries en abril de 2017, con traducción de Jordi Mas. Se agradece enormemente que un escritor de la categoría de Murakami hable sobre su manera de concebir el escribir novelas de forma tan llana y sincera, con una humildad que podría soprendernos de quien es candidato al Nobel cada año. Se trata de una serie de breves ensayos, redactados a modo de conferencia, en los que el escritor japonés va desgranando diferentes aspectos del oficio de escritor. Sin recetas mágicas ni dogmatismos, sin querer ser modelo de nada, comparte con el lector lo que ha sido su propia experencia a lo largo de los años. Libro par disfrutarlo aunque uno no quiera dedicarse a escribir novelas.

parlo

 

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La guerra no tiene rostro de mujer, de Svetlana Alexievich

baixa (5).jpgPensando yo que el hecho de que te den un Premio Nobel bien merecer acercarse a un autor, empiezo la lectura de este libro de testimonios sin saber lo que me iba a encontrar. La verdad es que su lectura ha sido un mazazo, es un libro extraordinario, impactante, demoledor, de una belleza trágica que te cautiva y de la que es imposible salir indemne. La visió de la guerra que arroja este libro debería ser materia obligatoria en todas las escuelas. Lejos de heroismos, de estrategias, de desembarcos triunfadores, el libro expone en toda su crudeza (no podía ser de otra manera) lo que supone una guerra (cualquier guerra) para las personas que tienen la desgracia de sufrirla. Y posiblemente sólo una voz femenina podia dar de forma tan contudente esta visión, tan necesaria, y este testimonio para las generaciones venideras. Un libro a flor de piel, desgarrador, valiente, que no oculta nada ni tiene miedo de contar lo que pasó, sin afeites que escondan la realidad. Las mujeres que hablan en las páginas de este libro son auténticas heroínas que vivieron en un infierno y que, a través de la palabra, aprenden a, poco a poco, salir de él.  Más que cualquier campaña pacifista, Svetlana Alexievich acierta para siempre con el discurso más demoledor contra la guerra que yo conozca. No se lo pierdan.

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El misterio de la creación artística, de Stefan Zweig

baixa (8)Edicions Sequitur (Madrid, 2015) nos ofrece este volumen de reflexiones entorno al hecho artístico del prestigioso escritor autriaco. Como comentábamos a propósito del libro de Luis Racionero, en estos tiempos revueltos que vivimos cuesta mucho encontrar, ante la propuesta de un artista, un criterio fiable y estable que nos permita analizar la obra con rigor y sentido para, más allá de filias y de fobias, percibir en toda su intensidad la emoción que el ser humano experimenta ante eso que hemos venido llamando “arte”. Zweig propone distintas aproximaciones, analizando obras y fijándose en el proceso de la creación desde la perspectiva del propio artista. Sin llegar a conclusiones definitivas, no puede ser de otra manera desde el momento que aparece la palabra “misterio” en el título del libro, las páginas que nos ofrece Zweig suponen una buena ayuda para el observador de lo artístico porque sólo desde la reflexión podremos hacernos con ese cuaderno de bitácora personal que nos permitirá navegar sin sustos por el mundo del arte, especialmente del que nos ha tocado vivir. ¡Feliz lectura!

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Cuadernos de Hiroshima, de Kenzaburo Oé.

Maquetaci—n 1Meditentur dignitatem

Es, precisamente, la dignidad, la gran protagonista de estos ensayos del premio Nobel Kenzaburo Oé, publicados en Anagrama en noviembre de 2011 (aunque en su versión original japonesa son de 1965). Y más concretamente de la recuperación de la dignidad por parte de personas , en este caso las víctimas del atroz ataque nuclear, que no la han perdido sino a quienes, extraña paradoja, les ha sido arrebatada sin tener ellos nada que ver. No es algo nuevo, aunque por las dimensiones que aquí adopta resulte especialmente significativo: nuestro mundo de perfecciones, donde hay que ser alto y guapo, delgado y de medidas proporcionadas, con dinero, seductor, etc. las imperfecciones no suelen ser demasiado bien toleradas. Las cicatrices (tanto las del alma como las físicas) se esconden en la penumbra de salones olvidados, no salen a la calle, permanecen en silencio, se reservan únicamente para conmemoraciones especiales donde exhibirlas como el ejemplo de lo que no tiene que volver a ocurrir.

Este ocultamiento, esta vergüenza se fomenta desde ambos lados, culpables y víctimas, aunque por distintas razones. Las víctimas, inocentes receptores de todo lo deleznable que tiene el ser humano, sienten que su lugar en el mundo ha desaparecido, no entienden nada de lo que les pasa pero, al mismo tiempo, creen que no tienen a nadie a quien recurrir. Su tragedia es personal, intransferible, lacerante (¡qué importante tener ayuda en momentos así y que haya personas dispuestas a ofrecerla!). Quieren ocultarse, no ser una carga para nadie, permitir con su sacrificio que la rueda de la vida gire en su monotonía sin romper ninguna rutina. Para qué reclamar justicia si, para ellos, la justicia ya no podrá existir. En definitiva, no quieren molestar, ser una mancha que ensucie la inmaculada presencia pública de la hipocresía que gobierna nuestro mundo. Si no vemos la injustica, ¿quién será el que se atreva a señalarla con el dedo?

El culpable, en cambio, desea perder su condición de tal cuanto antes. Se carga de “razones” para justificar su miseria y su criminal proceder, pide perdón, ofrece algunos regalos para endulzar la situación y que la víctima renuncie a reclamar la dignidad pisoteada. Total, no es para tanto. En el caso japonés, además, se trata de reconocer una derrota humillante para un pueblo altivo y orgulloso de su imperio. En el caso americano, ¿qué “sueño” podrían vender a partir de entonces si se mostrasen a ojos del mundo como los causantes de uno de los mayores genocidios de la historia? Mejor dejar ese papel a otros y lanzar tabaco y chicles para que todos vean lo generosos que son. Además, con la bomba atómica lograron terminar con la guerra, ¿no es ése un loable fin que justifica los terribles “efectos colaterales”?

Oé denuncia esta situación y el silencio que se ha querido extender sobre las secuelas de la bomba, los miles y miles de muertes que se han producido años después del ataque como consecuencia directa de él y que nadie quiere reconocer. En medio de esta situación, auténticos héroes de nuestro tiempo, como el doctor Shigetô, que han dedicado su vida a estar al lado de las víctimas y lograr que sus vidas y sus testimonios, salgan a la luz, merecen que les recordemos y les demos las gracias por dejarnos ver de nuevo las estrellas.

Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades, de Martha C. Nussbaum

El libro de esta filósofa americana me llega en un buen momento: justo a final de curso, en mitad de cambios en el sistema educativo y con las pilas algo descargadas. Y es un buen momento porque con la guardia baja se hace más necesario que nunca escuchar palabras de consuelo y de esperanza, dichas con el convencimiento de la reflexión y el sentido común, que merezcan ser leídas (aunque no sé si escuchadas por nuestras autoridades) para remedio de nuestros males y alivio de las almas. Les dejo con un par de extractos del libro para que le vayan dando vueltas y se animen a leer más:

“(…) la educación no consiste en la asimilación pasiva de datos y contenidos culturales, sino en el planteamiento de desafíos para que el intelecto se torne activo y competente, dotado de pensamiento crítico para un mundo complejo. Este modelo de educación llegó con el objetivo de reemplazar un sistema anterior en el que los niños y las niñas pasaban el día sentados en sus pupitres absorbiendo el material que se les presentaba para luego regurgitarlo. La idea del aprendizaje activo suele implicar un compromiso firme con el pensamiento crítico, que se remonta a la época de Sócrates.”

Y también:

“(…) mientras el niño va adquiriendo madurez física, debe enseñarle a valerse por sus propios medios, a no necesitar que lo atiendan todo el tiempo. En la medida en que sea competente para funcionar en el mundo, tendrá menos necesidad de apelar a las otras personas como lo haría un recién nacido y podrá verlas como seres con proyectos propios, que no están siempre a su entera disposición. De acuerdo con Rousseau, la mayor parte de las escuelas fomentan la pasividad y la impotencia al presentar el aprendizaje de manera puramente abstracta, sin conexión con sus usos prácticos. El maestro concebido por este autor, en cambio, le enseñará a Emilio a negociar con su entorno, para que sea un participante activo en él.”

Visión de la memoria. de Tomas Tranströmer

Me zambullo en este librito (67 pàginas) que publica Nórdica Libros (abril 2012) con la intención de “escuchar” la voz de un poeta, en prosa, hablándonos de sus recuerdos y de su relación con la poesía. En la contraportada leemos esperanzados “En estas páginas Tranströmer nos revelará el más secreto de los tesoros: cómo descubrió la poesía.” El libro trasmite belleza y los recuerdos del poeta sueco van tejiendo una vida no exenta de dificultades pero en las que el Tranströmer niño (pues el libro se basa fundamentalmente en este periodo de la vida del reciente Premio Nobel) va descubriendo cómo enfrentarse a las dificultades, forjando un carácter propio, lleno de sensibilidad y coraje. Sin embargo, “Visión de la memoria” sabe a poco, queda, a mi modesto modo de ver, excesivamente cortado, como si sus páginas todavía no hubieran madurado lo suficiente para convertirse en libro. Además, si bien nos habla de sus primeros contactos con la poesía, a través de Horacio principalmente, no llega a profundizar en lo que de “descubrimiento de un tesoro” debió de tener en su momento. Quizás dentro de un tiempo podamos ver una continuación de estas memorias pues, sin ninguna duda, nos han quedado ganas de seguir conociendo a este magnífico escritor.

De mayorías y minorías. ¡Indignaos! de Stéphane Hessel

Tras la lectura de este librito de S. Hesse, a parte de hacerle caso e indignarme, una serie de reflexiones me han venido a la cabeza y quiero compartirlas. Me he fijado que la obra va ya por la quinta impresión (sólo en castellano y en tres meses) y ha sido una de las dos obras más vendidas, tanto en catalán como en castellano, en la última edición de la fiesta de Sant Jordi. En una reciente estadística se contaban ya 600.000 ejemplares vendidos. Por tanto, y a tenor de las cifras, podemos considerar que hay muchas personas que comparten las ideas de este autor (un servidor también) y nos alegramos por ello. Sin embargo, una pregunta me deja intranquilo: ¿dónde están? o mejor dicho ¿dónde estamos?
Tantas personas, y muchas más que no han comprado ni leído el libro pero piensan igual, deberíamos constituir una mayoría que se hiciera sentir en este mundo. La mayoría de los que quieren la paz, la concordia entre los pueblos, la libertad y tantas otras aspiraciones legítimas del ser humano. En cualquier caso, me parece que nos mantenemos bastante callados, cada uno en su redil, diciéndonos que, curiosamente, nuestras ideas no tienen espacio en un mundo como el nuestro. Nos sentimos minoría, menuda paradoja, y nos fustigamos en pequeñas reuniones de iluminados para sentirnos, como mínimo, algo aliviados. En la otra parte, la de los que imponen sus ideas con la fuerza de las armas o la del dinero (mucho más poderosa), sus partidiarios se pasean por el mundo a sus anchas, regodeándose en su perversión, justificándola y dándole el mayor de los sentidos: el de saberse fuertes, invencibles. Son minoría, sí, pero se comportan como si no lo fueran. ¿Por qué? Contestar a esta pregunta no es fácil, pero voy a intentar dar una respuesta a pesar de no tener ninguna solución mágica. Vamos a ver.
Nuestro mundo, en general, vive bastante al margen de la reflexión intelectual. Acostumbramos a movernos por impulsos, muchas veces irracionales, y solemos dejar de lado todo lo que signifique profundizar en un problema, ponderar los pros y contras de un asunto, pensar, en definitiva. Si alguien nos pregunta si queremos la paz, automáticamente contestamos que sí, por supuesto. Pero si alguien no arranca con el semáforo puesto en verde, le gritamos (en el mejor de los casos) el nombre de su madre y nos ponemos como unos auténticos energúmenos. No nos paramos a pensar en qué significa la paz y, por tanto, en la mayoría de las ocasiones ganan nuestros instintos. Y, desengañémonos, en muchas ocasiones nuestros instintos no suelen aconsejarnos grandes cosas. Así, cuando hablamos de “mayorías”, deberíamos plantearnos hasta dónde están dispuestas a avanzar estas mayorías. hasta dónde están dispuestas a asumir, en su propia vida, aquello que creen postular. En otras palabras, lo que dicta el sentido “común”, vivir en función de nuestras convicciones, nada más y nada menos. Si no pasamos a los hechos, si nos quedamos en casa lamentándonos, nuestra fuerza no será nada frente a las supuestas minorías. Éstas sí que llevan su vida a la práctica, ahí está su fuerza, ellos sí están convencidos que lo suyo es lo mejor. Si los “buenos” tuviéramos semejante convencimiento para lo nuestro, estoy seguro que nuestra fuerza sería imparable. De momento lo dejo aquí, pero seguiré con el tema porque me parece que vale la pena.

 En cualquier caso,  es aconsejable leer este libro para seguir sabiendo que no estamos solos y que, a poco que nos lo propongamos, este mundo puede cambiar. Con muchos granitos de arena se puede hacer una montaña que oculte de una vez a los que van por el mundo creyéndose los amos de todo sin tener ni una pizca de conciencia. Probablemente, si somo capaces de hacer esto, seremos felices de verdad, pase lo que pase con la montaña.

¡Feliz lectura!