Lo que sé de mis libros

Un espacio para guardar la memoria

Categoría: ensayo en castellano

Los tiburones del arte, de Luis Racionero

baixa (15)La pregunta ¿qué es el arte? es de aquellas preguntas eternas que, a pesar de las inteligentes respuestas que ha obtenido, sigue inquietándonos como el primer día. A ello contribuye de manera notable el actual batiburrillo de “performances”, instalaciones, poesías sicodélicas y demás martingalas con las que algunos tratan de ganarse el pan, aunque sea poco dignamente. Luis Racionero aporta una sabia reflexión a esta cuestión en este libro (Stella maris, febrero de 2015) y esboza una serie de ideas a tener en cuenta para poder navegar por este mundo del arte sin perder el oremus o, lo que es peor, las ganas de seguir disfrutando de una de las pocas cosas que, a día de hoy, sigue distinguiéndonos de los animales (por lo menos de la mayoría de ellos). El título nace a propósito del despropósito (permítaseme la broma) perpetrado por Damien Hirst, consistente en presentar como obra de arte un escualo momificado en formol. Cabe decir que por semejante atrocidad se cometió la idem de pagar doce millones de dólares, con lo que el mareo que a uno le sobreviene no se sabe si procede del descerebrado del artista o del especulador que pagó semejante suma de dinero por el animalito (me refiero al tiburón, no al “aritsta”). Racionero sabe que para hablar de arte se necesita una formación que sólo nos puede venir de aprender del pasado, de la tradición, única manera de saber que lo que se está haciendo vale la pena y, además, puede aportar algo nuevo a la sociedad. El escritor, que sabe de lo que habla, arroja algo de luz a esotos tiempos que nos han tocado vivir de una manera amena, directa y placentera que el lector agradece. En un mundo que da la espalda a la cultura como el nuestro, es un mundo en el que el “todo vale con tal que me rinda beneficios” se instala de una manera harto peligrosa y preocupante. Leer libros como el que les presento puede ser una buena manera de evitarlo, quizá estemos todavía a tiempo. ¡Feliz lectura!

Los libros y la libertad, de Emilio Lledó

lledóLos mitos clásicos nos proporcionan la figura de Casandra, aquella hija de reyes que trató de engañar al mismísimo Apolo y la jugada le salió mal, como casi siempre que se trata con los habitantes del Olimpo: fue castigada a no ser escuchada, a que sus profecías no fueran creídas. Leyendo las sabias palabras del libro del maestro Lledó (RBA, mayo de 2013) a uno, casi inevitablemente, la viene a la mente la figura de la sacerdotisa. ¡Qué sabiduría encierra este libro! ¡Qué lógico, de sentido común, nos parece todo lo que dice! Y, sin embargo, el mundo parece vivir de espaldas a todo cuanto se dicen en estos ensayos. ¿Cómo es posible que gente como don Emilio Lledó no presida el Olimpo de cada casa, que sus palabras no figuren en la hoja de ruta de todos los caminos? Así estamos y así vamos por el mundo. Casi a ciegas, sin escuchar a los que realmente tienen cosas que decir y dejándonos “guiar” por incompetentes que sólo buscan el beneficio particular. La lectura de este libro es luz, pura luz, para no tener miedo de la oscuridad, la constatación (una vez más…) de que no todo está perdido, de que, a pesar de los pesares, es posible encontrar un rincón de felicidad en nuestras vidas. Ojalá sus páginas tengan muchos lectores, que sean numerosos los que se unan a la causa de la esperanza en el ser humano a través de aquello que, precisamente, nos hace más humanos: la palabra, la memoria, el conocimiento, la cultura. ¡Feliz lectura!

La civilización del espectáculo, de Mario Vargas Llosa

MarioVargasLLosaAl margen de que un libro del escritor peruano es ya de por sí un motivo para encontrarse de nuevo con la mejor literatura, en esta ocasión hay que agradecer, además, que se pretenda poner un poco de sentido común (sí, de acuerdo, ese infrecuente sentido común) a un tema que, si no ponemos pronto remedio, puede contribuir de manera directísima a que toquemos fondo de una vez y para los restos. Vivimos en una sociedad en la que la banalización ha invadido todos los ámbitos, incluso aquellos que más alejados se habían mantenido de tanta simplificación y superficialidad. Hoy todo es, o debe ser, fácil, ameno, poco comprometedor con el esfuerzo (¿esfuerzo?) personal y, sobre todo, divertido. Así, espacios esenciales como la cultura, la educación, la propia convivencia entre los humanos, se han teñido de colorines impropios, han desvirtuado la esencia que las constituía y se han convertido, esperemos que no definitivamente, en un espectáculo donde lo único que cuenta es no aburrirse mucho y no usar en exceso el cerebro. Vargas Llosa, con valentía y acierto, pone el dedo en la llaga en algo que nos cuesta reconocer pero que nos caracteriza hasta ruborizarnos: bajo una supuesta libertad creadora y con el escudo del éxito económico o de la popularidad efímera y devastadora, nos han colado demasiados goles, han convertido papanatas sin oficio ni beneficio en auténticos genios y, quizá sea esto último lo más lamentable, han hecho que nos creamos que lo que sale en televisión en horario de máxima audiencia merece más nuestra atención que el trabajo callado y silencioso, casi anónimo, de tantas y tantas personas que, en nombre de la auténtica cultura, dejan como legado a la sociedad una obra, un testimonio, que si bien no les habrá aportado reconocimiento, sí que habrá logrado ponernos a salvo de tanta impostura. El entretenimiento es necesario, nadie lo pone en duda, pero no puede ser éste el único camino en nuestras vidas. El ser humano es un ente global, complejo, lleno de matices, y si, como dijo Terencio, Homo sum; humani nihil a me alienum puto, también en nuestras vidas debemos encontrar un espacio para aquello que, si bien no es fácil, nos reporta la satisfacción de irnos superando un poco cada día. ¡Feliz lectura!

Lección pasada de moda, de Javier Marías

Español: Javier Marías en la Feria del Libro d...

Español: Javier Marías en la Feria del Libro de Madrid, 31 de mayo de 2008 (Photo credit: Wikipedia)

Galaxia Gutemberg/Círculo de lectores publicó esta selección de artículos de Javier Marías en enero de 2012, imprimiendo una segunda edición en abril de este mismo año. Se trata de un libro sobre el mal uso del español que se viene observando desde hace tiempo y que parece, tal como van las cosas, que difícilmente tenga solución. Marías se enfada, con razón, y muestra su mal disimulada indignación poniendo en evidencia a propios y a extraños, con ironía y buen humor, es cierto, pero con contundencia (también). En estos tiempos en que hablar más o menos bien no se valora mientras “me entiendan”, el escritor madrileño arremete contra los extranjerismos inútiles, los falsos amigos lingüísticos y el lenguaje “políticamente corrrecto” haciéndonos reflexionar sobre la responsabilidad que tenemos los hablantes (mucho más que instituciones como la RAE) en impedir que todo se vaya al garete.
Muchos hoy son los que salen a la calle para defender la cultura propia sin importarles nada qué es lo que realmente significa el término “cultura” y qué exigencias nos pide su defensa. Hablar bien, escribir bien, deberían ser las principales obsesiones de quienes defienden lo propio sin saber qué significa dicha expresión.

Una forma de resistencia, de Luis García Montero

La historia personal de cada uno de nosotros, muy probablemente, está llena de maravillosos momentos inolvidables que no recordará nadie. Nuestra felicidad, la de verdad, la auténtica, se forma de pequeñas anécdotas que sólo nos importan a nosotros y a nuestros seres queridos: una cena que se alarga hasta que no se puede más, una sonrisa que vale más que mil palabras, una mano tendida… Ninguno de estos gestos merecerá una página en la Historia y, sin embargo, renunciar a ellos representaría perder la más importante de nuestras batallas: ser nosotros mismos. También los objetos cotidianos, esos que hemos hecho nuestros y que nos ayudan a reconocer el pedazo de existencia que podemos considerar de nuestra exclusiva propiedad: un libro, un cuaderno de apuntes escolares, una vieja fotografía… Pequeños asideros de esperanza a los que nos agarramos para no andar a tientas y perdidos. De todo esto, precisamente, habla el libro del escritor granadino Luis García Montero (Alfaguara, 2012). Cada entrada del libro, como un poema, resulta un inventario de sensibilidad, un agradecido reconocimiento por la ayuda inestimable que nuestro alrededor, el de cada día, nos proporciona en esta vida de vanas ilusiones y “murmullos de cóctel”. El lector encontrará, pues, un mapa en el que orientarse para oír aquello que merece la pena ser escuchado, ver aquello que hay que observar, tocar lo que nos hace sentir vivos y oler los aromas de nuestra realidad más cercana, la única, no nos engañemos, que vale la pena celebrar. ¡Feliz lectura!

Donde se guardan los libros, de Jesús Marchamalo

En estos tiempos en que formar una biblioteca parece algo fuera de lugar y poco práctico, se agradece un libro como éste (Siruela, 2011), que reivindica la relación tan especial que los lectores establecemos con este objeto mágico y extraordinario que es el libro (¡y de papel!). A través de la visita a las bibliotecas de varios escritores,  Jesús Marchamalo logra transmitirnos la idea de que construirse una biblioteca es, en definitiva, construirse a uno mismo y que a través de los libros que conservamos podemos conocernos y hacer que nos conozcan.
Podría ser una buena iniciativa la de compartir fotografías frente a nuestras bibliotecas y explicar la relación que tenemos con ellas. Idea que anoto y que espero algún día pueda salir adelante. ¡Feliz lectura!

Arte poética. Seis conferencias

Termino de leer este libro que he ido tomando con intermitencias y que me ha dejado un excelente sabor de boca. Publicado por Crítica en 2005 nos permite acceder al genial escritor argentino reflexionando sobre el quehacer poético con una sencillez, repleta de erudición, que supone en sí misma toda una declaración de intenciones. En efecto, el concepto que defiende Jorge Luis Borges a lo largo de las seis conferencias que se nos presentan, mantiene una vigencia de la poesía como búsqueda de la belleza, sin artificios que enmascaren la pureza de tal empresa, con la sencillez del que sabe ejercer su oficio sin más pretensiones, ni menos, que las de ponerse al servicio de un ideal. En el excelente blog vaixelldodisseu.blogspot.com ya comenté algunos aspectos de este libro. Quiero centrarme ahora en otros que, en mi caso particular, refuerzan un camino que hace algún tiempo tengo emprendido. Cito del maestro:

“Creo que, en poesía , la emoción es suficiente. Si hay emoción, ya es bastante.”

“(…) empecé, como la mayoría de los jóvenes, creyendo que el verso libre era más fácil que las formas sujetas a reglas. Hoy estoy seguro de que el verso libre es mucho más difícil que las formas medidas y clásicas.”

 

Comparto ambas afirmaciones sin duda ninguna: emoción, música, armonía, en un verso que se adapta a la cadencia melódica de las palabras con naturalidad, sin apenas artificio aparente. Hay muchas maneras de entender la poesía, de escribirla, de leerla y de sentirla, pero ésta es la que a mí me ha hecho amarla.

Les dejo con Borges y su poema “Arte poética”, poema lleno de sensibilidad, referencias clásicas y, sobre todo, belleza. ¡Que lo disfruten!

Yo no vengo a decir un discurso

19/03/2009 La Ministra de Cultuta de Colombia ...
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García Márquez acaba de publicar en Mondadori un libro que recoge textos para ser leídos en público (a pesar del horror que el autor colombiano siente por los discursos). Si bien se trata de un libro de no ficción, el lector puede recorrer sus páginas como si de una novela se tratara. En él reconocerá a nuestro “Gabo” de siempre, con una de las mejores prosas que ha dado la literatura universal. Destacaríamos de su lectura la humildad con la que se dirige a sus oyentes, su humor y fina ironía, pero también la contundencia de sus argumentos y la crudeza y clarividencia con la que desvela ciertos aspectos de la situación de Sudamérica en el mundo actual. Ah, también el reconocimiento a sus maestros, como William Faulkner. ¡Qué importante es escuchar de alguien tan grande como él la necesidad de ser enseñado, acompañado, en cualquier camino que uno decida recorrer! Cuando alguien declara que no ha tenido maestros en su vida siempre pienso que, una de dos, o miente para darse una importancia que no le sirve de nada o, si es verdad, es alguien que no ha tenido suerte en la vida, una lástima, vaya.
El libro es un salvoconducto para la depresión, no me resisto a transcribirles el fragmento final de su discurso de aceptación del Nobel que no tiene desperdicio (luego, si quieren, pueden escucharlo en el vídeo):

“(…) Ante esta realidad sobrecogedora que a través de todo el tiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores de fábulas que todo lo creemos nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía creadora. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la Tierra.”

Bien es cierto que algunos querrán ver una cierta ambigüedad con respecto al tema de Cuba. Pero este hecho no debe enturbiar, creo yo, lo que supone la base del libro: la búsqueda de la felicidad, de lo más auténtico del ser humano. Es esto lo que cuenta y los que quieran ver otras cosas es mejor que se queden en casa. No está escrito este libro para polémicas estériles sino para aprovechar todo lo bueno que tiene, que es mucho. Necesitamos más este “mucho” que lo “poco” que se podría objetar.