Lo que sé de mis libros

Un espacio para guardar la memoria

Categoría: ensayo en catalán (traducción)

L’art de la ficció, de James Salter

baixaSiempre resulta interesante leer a los escritores que tienen ganas de compartir con el lector su visión del hecho creativo. Aquí podemos hacerlo de la mano de L’altra editorial (febrero 2017), con la traducción de Albert Torrescasana y un más que interesante prólogo de Eduard Márquez. El volumen nos presenta tres conferencias del escritor de Nueva York en las que comparte con nosotros sus impresiones sobre el arte de la ficción y su relación con la vida. Lectura interesante no sólo para aquellos que se dedican a escribir novelas, sino para cualquier lector interesado en reflexionar sobre la literatura y su manera de cocinarse. En estos tiempos del “todo vale”, escuchar a los que saben supone un ejercicio necesario para resguardar la salud mental. ¡Feliz lectura!

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João de Melo en la revista Capicua

La asociación cultural “Catalunya presenta” edita una magnífica revista, Capicua, que ha llegado ya al tercer número. Se trata de una edición especial sobre la literatura hecha en las islas. En ella, dos son los invitados de honor: Maria-Antònia Oliver (de las Baleares) y João de Melo, de la isla portuguesa de São Miguel. Precisamente este autor nos regala un emocionante artículo sobre Barcelona que quisiera hoy compartir. Transcribo sólo una parte con la esperanza de que los interesados accedan a la revista entera, que no tiene desperdicio (la revista se edita en catalán y portugués, así que traduzco al castellano:

“”Si paseo al atardecer cerca del mar, por el puerto, a lo largo del cuerpo salado, grande y cóncavo del Mediterráneo catalán, vislumbro en seguida la figura de Don Quijote de la Mancha que llega cogido de la mano de Miguel de Cervantes, para conocer el mar, en uno de los capítulos más poéticos que aún hoy se pueden leer sobre una ciudad tan literaria como ésta. Y cuando bajo o subo por las Ramblas, viendo millones de pájaros de todos los colores en las jaulas, floristas con manos dulces y ojos pálidos, músicos y artistas de calle haciendo sus números, es por dentro de otros libros que viajo: por ejemplo, por una página de La ciudad de los prodigios, de Eduardo Mendoza; o por otra de La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón (donde Barcelona asume la poética misteriosa de la vida que hay en los libros). Me muevo por las Últimas tardes con Teresa y los Rabos de lagartija, dos libros de Juan Marsé; y por las páginas de una novela sencilla que habla de todo y que se llama Nada, de Carmen Laforet. También me muevo en uno de los magistrales Doce cuentos peregrinos, de Gabriel García Márquez, dedicado a Barcelona, cuya geografía suburbana me anuncia el viento y los caminos del gran encantamiento, así como la música de sus palabras. Pero existen páginas inolvidables en los libros llenos de bares y terrazas de Terenci Moix, Enrique Vila-Matas, Manuel Vázquez Montalbán, Rosa Regàs y Pedro Zarraluki. Pero, cuando deambulo sin rumbo por las calles de Barcelona, sin rumbo por las voces, por los olores, por el peso riguroso de las cosas a flor de mis cinco sentidos, es aquí, profundamente, totalmente, al ciento por ciento, que me siento a bordo de un libro único: La plaça del Diamant, de Mercè Rodoreda. La escritora por antonomasia de Barcelona. Rodoreda es para Cataluña como Flannery O’Connor para América y Virgina Woolf para el Reino Unido. Quiero decir: el universo entero de cualquier literatura. Benditas sean, por tanto, las personas felices que leen y que viven en Barcelona, la ciudad de los sueños y de las palabras, ciudad de la vida que inspira la memoria poética de la literatura, y que ahora también la inspira y la explica.”

Ahí queda eso. Gracias João de Melo y amigos/amigas de Capicua.

El factor humà

Libro realmente emocionante y de placentera lectura éste de John Carlin sobre el proceso de democratización de Sudáfrica. Emocionante porque va más allá de unos hechos y unos personajes concretos.  Creo que es también un libro sobre la condición humana, y ésta es la mejor enseñanza que se puede sacar. Ciertamente, la personalidad de Nelson Mandela tiene una dimensión extraordinaria y, sin duda, es el protagonista de la narración. Pero me quedo con las palabras de Desmond Tutu al final del libro: “¿Sabes una cosa? Lo mejor de las cosas buenas es que pueden repetirse”.  El ser humano, contradictorio hasta la desesperación, capaz de lo mejor y de lo peor,  siempre nos demuestra que, pase lo que pase, no podemos dejar de confiar en nosotros mismos y en nuestra infinita capacidad por mejorar. El mundo puede ser mejor y sólo nosotros podemos hacerlo. Mandela demostró que el odio puede ser superado por las ganas de paz, que la ira de una persona no puede jamás justificar una guerra. Él salvo a su país con su bondad y a todos nosotros nos obliga su ejemplo.
Un último comentario que quisiera hacer. Personalmente me resulta de especial interés el hecho de cómo el deporte, y el deporte de masas (pues así hay que considerar al rugbi en el país africano), puede ser fuente de estímulo para la mejora de la condición humana. Lejos de falsas poses intelectualoides, grandes hombres han entendido que también en el esfuerzo físico uno puede reencontrarse con la esencia de lo que nos hace, o nos puede hacer, especiales. ¡Feliz lectura!