Lo que sé de mis libros

Un espacio para guardar la memoria

Categoría: ensayo en catalán

En defensa dels ociosos, de R.L. Stevenson

baixa.jpgEditorial Viena (junio de 2016) nos hace llegar estos pequeños ensayos del autor de La isla del tesoro gracias al buen hacer del traductor y poeta Xavier Zambrano. Las reflexiones del autor escocés son una auténtica delicia, y nos reconcilian con una de las cosas que nos hace ser personas: la capacidad de observar y reflexionar sobre lo observado. Lejos de cualquier dogmatismo cerril, Stevenson nos muesta su pensamiento sobre diferentes aspectos con sentido crítico, humor y voluntad de acercamiento. Se trata de mostrar lo que uno piensa, no para imponerlo al lector, sino para que el lector piense. Sería éste el objetivo más deseable en cualquier texto teórico: la capacidad que tenga de despertar las propias reflexiones y hacernos crecer y no empequeñecer, como pasa tantas veces. La carta a un “joven que quiera abrazar la carrera artística” debería figurar en todo manual para aprender a escribir y las escuelas deberían ponerlo como texto obligatorio. En este mundo de escaparates llenos de colores inútiles, textos como éste sitúan la vocación artística en su justa dimensión y quizá conseguiría (aunque tengo mis dudas) que algunos dejaran de llevar el cartel de “artista” pegado en la frente. No está mal para la segunda lectura completa de la temporada estival y olímpica. ¡Feliz lectura!

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Sala de miralls, de Feliu Formosa

formosaSin duda, una de las principales virtudes que ha de tener el poeta (y el artista en general) es la de la observación, tanto la del mundo que le rodea como la de su propia intimidad. De todo ello la literatura se nutre para, gracias a la magia de la ficción, convertir la experiencia personal en algo a compartir con todos los lectores. Por ello, la aparición de este tercer volumen del dietario de Formosa que se edita en la colección “Escriptures” de Perifèric Edicions (noviembre de 2012) es una magnífica oportunidad para acompañar al artista y aprender de su manera de observar, de encararse con la vida. “Sala de miralls” (Sala de espejos) es un magnífico libro en el que el lector recorre lecturas, vivencias, encuentros, recuerdos y experiencias del escritor de Sabadell y aprende de sus reflexión lúcida de la realidad para poder confeccionarse una de propia. En definitiva, escuchar la sabia voz de Feliu Formosa nos reconcilia una vez más con la vida,por muy dura que ésta sea. ¡Feliz lectura!

Llibre d’absències, de Antoni Marí

mariEs bonito esto de terminar/empezar un mes con la lectura de un libro. En este caso, además, la celebración es doble porque la lectura de “Llibre d’absències” (Libro de ausencias), Tusquets, octubre de 2012, me ha deparado grandes momentos y el reencuentro con uno de los escritores que yo más admiro. Sabiduría y sensibilidad corren a raudales por estas páginas que reflexionan sobre este “estado de ausencia” que el escritor experimenta y que comparte con nosotros. De la mano de filósofos y escritores de diferentes épocas, el lector comparte con Marí las reflexiones que le suscita el ir conociéndose y analizando lo que a uno le pasa para aprender más sobre nuestro estar y ser en el mundo. En particular, me han interesado especialmente las páginas que dedica a la reflexión sobre el acto de creación poética y cómo el artista puede llegar a sentir que él en realidad no es el creador de la obra sino un transmisor, alguien que nos da a conocer a los lectores algo que no le pertenece ni a él ni a nosotros pero que, paradójicamente, constituye una de las cosas más esencialmente humanas que existen: nuestra identidad más profunda, aquella que sólo se nos revela desde la soledad con uno mismo, alejado de todo y de todos, incluso, a veces, alejado de nuestro propio ser “exterior”. Libro altamente recomendable, pues, y de los que en nuestra biblioteca verá más de una visita, más de una relectura para, poco a poco, ir descubriendo nuevos caminos de conocimiento, nuevos goces estéticos. ¡Feliz lectura!

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Joc de daus, de Josep Piera

Este nuevo dietario de Josep Piera, “Joc de daus” (Juego de dados), Edicions 62, 2012, es una maravilla que vale la pena leer y disfrutar. El propio autor nos da una pista de lo que encontraremos en él. Precisamente a propósito de los dietarios nos dice que le gustan “esta clase de libros donde quien escribe lo hace sobre la vida, el paso del tiempo, el paisaje y el paisanaje cercanos, lo que piensa y lo que siente, y lo dice como si hablara en voz alta. (…) Quiero decir que son libros que acompañan, que hacen pensar y sentir. Como los poemas, que duran un instante y llenan la vida”.  Pues eso, nada más y nada menos. El poeta de La Safor nos tiende la mano para acompañarnos por sus paisajes, por su visión de la vida, por las personas que forman parte de su universo vital. El lector, ante semejante rasgo de generosidad y buen hacer, sólo puede que responder al gesto aceptando con gusto la invitación y dejándose llevar para aprender, entre otras muchas cosas, el placer de vivir con intensidad. ¡Feliz lectura!

Por cierto, les dejo con una maravillosa actuación, la de Miguel Poveda interpretando “Ara”, un poema de Josep Piera incluido en el disco “Desglaç”.

Diari d’uns anys (1975-1981), de Montserrat Roig

“Diari d’uns anys” (Diario de unos años), Acontravent, 2011,  ha sido una magnífica oportunidad de reencontrarme con una escritora a la que le tengo especial cariño. Se recogen aquí artículos que Roig publicó en diversos medios y alguno que permanecía inédito, logro que ha sido posible gracias a la labor de Quim Torra. Nos encontramos aquí con un ejemplo perfecto de lo que tendría que ser la figura del intelectual. El hecho de tener la escritura como un oficio exige una capacidad de observación crítica de todo cuanto nos rodea que, puesta al servicio de los demás, resulta muy necesaria en los tiempos de desorientación que vivimos. Confieso que no comparto alguna de las ideas de la escritora barcelonesa pero, y ahí está el mérito de su labor de tantos años prematuramente interrumpida, sus textos me ayudan a pensar y a reflexionar. Su excelente prosa, además, les confiere la categoría de auténtica literatura. En nuestra sociedad, donde tantos y tantas hablan en nombre de todos para soltar sólo tonterías, es bueno dar la palabra a quien, sin gritos ni demagogías, nos ayuda a transitar con un poco más de luz.

Les paraules alades, de Narcís Comadira

 Sovint m’he preguntat què queda després d’una classe. I amb aquest “després” no em vull referir a l’endemà o al cap de quinze dies, sinó al pòsit dels coneixements “adquirits”. En definitiva: per a què serveix aprendre el que aprenem? O si voleu, què és el que realment aprenem i per a què? El debat té actualitat en els nostres dies, tot i que sospito que per raons ben diferents a les que trobareu aquí. Miraré d’explicar-me i ho faré a través de la lectura d’un llibre magnífic, “Les paraules alades”, de Narcís Comadira (Empúries, octubre de 2011).

Per començar, el títol del llibre l’hem d’agrair a Homer: tal com Comadira ens explica, les paraules alades s’encaminen a “penetrar en l’atenció de qui les escolta, a commoure’l, a emocionar-lo i a fer-lo actuar en conseqüència”. Amb això n’hi hauria prou per quedar en silenci una bona estona, meditant. Els professors, a les aules, busquem realment commoure, emocionar, fer actuar en conseqüència. Vigilem les nostres paraules per tal que siguin escaients, idònies, necessàries? I els alumnes? Esperen trobar aquell “magister” que els faci emocionar, commoure i ser conseqüents amb els seus actes? De vegades penso que sí, l’experiència així m’ho fa veure (potser m’equivoco), però en ocasions me n’adono que, tots plegats, podem caure en un doble parany: potenciar excessivament el coneixement deixant de banda altres aspectes, o, ben al contrari, mirar d’exercir únicament una mena de “sentimentalisme” fora de lloc que, en acabar-se el curs, no ens deixa res de res. Al llarg de la història els intel·lectuals, els artistes i filòsofs s’han dedicat a plantejar-se aquesta mateixa qüestió: la raó o la follia, el pensament o el sentiment, Apol·lo o Dionís, vet aquí una disjuntiva fascinant i d’enorme transcendència en el nostre viure quotidià.

No em vull allargar i centraré la qüestió en un fet que em toca de ben a prop: els estudis “dits” humanistes (quin és l’estudi que no ho és, d’humanista? En fi, això és un altre tema…). La literatura, la llengua, la història de l’art, l’estudi dels clàssics grecs i llatins, la filosofia… són meravelloses eines de felicitat si en sabem fer-ne ús. D’altra banda, conec gent que ha passat per aquests estudis com qui passa per un camp tot just acabat de sembrar: de puntetes, procurant no deixar petjada i sortint el més aviat possible… I no només això, en conec d’altres que fins i tot s’hi dediquen, a les Humanitats, i veient la cara i el posat que fan potser hagués valgut més que s’haguessin especialitzat en macramé decoratiu. Deixant les metàfores i anant als fets: estudiants de lletres que no llegeixen, professors que no s’emocionen amb una lectura de classe, gent que no sap res i gent que només sap allò que li permet deixar bocabadats amigots i familiars el dia del dinar de Nadal, etc., etc. Què passa doncs? En Comadira, no pas jo, apunta una resposta que em sembla força pertinent.

Primer. En l’epíleg del llibre ens diu: “La literatura construeix un món a part. Per això el món que es creu real li té por. I si abans hi lluitava directament, ara ha descobert maneres més subtils de lluita. La indiferència, arma eficaç. I l’estaborniment de les consciències amb la creació d’aquesta societat de l’espectacle en què ens volen fer viure, societat que es nodreix d’ella mateixa. Autocomplaent i autoreferent. Societat sense alegria.” Quedem-nos amb aquesta paraula: alegria. Allò que aprenem ens fa ser éssers més alegres? Allò que aprenem ho fem servir per donar alegria als altres? Vet aquí un aspecte ben pràctic dels estudis que, em temo, sovint no es té en compte… I, ja ho sabeu, aquí no es parla de l’alegria de la rialla fàcil, sinó d’aquella que ens fa feliços, que és el mirall de la nostra pròpia felicitat en aprendre, ni més ni menys.

Segon i últim. Un dels articles que conformen el llibre porta per títol: “La deixa del geni grec”, i en ell el poeta gironí fa un repàs de com la literatura de casa nostra ha mirat els grecs i, tornant al començament d’aquestes paraules, quin “pòsit” li ha deixat aquesta mirada. Tot el que s’hi diu és or, però només faré referència a unes paraules que dedica a Carles Riba i les seves “Elegies de Bierville”: “Escrites en dístics elegíacs –ficció en una llengua romànica del metre clàssic-, Riba hi aconsegueix de lligar la seva experiència personal amb els seus coneixements clàssics en una obra corprenedora per la seva gran intensitat lírica i el seu humanisme.” Fabulós! Coneixement, “forma”, al costat del sentiment, de l’emoció, de l’Humanisme. Definició perfecte d’allò que anomenem “art”. Tots dos conceptes ben agafadets de la mà: aprenem per ser feliços i ser feliços ens fa aprendre cada cop més. Una operació aparentment senzilla però difícil de dur a terme.

La veu cantant, de Pere Ballart

Pere Ballart, uno de los críticos más interesantes de nuestro actual panorama literario, sigue regalándonos nuevos “capítulos” de lo que podría considerarse una auténtica educación poética, en el sentido más clásico de esta palabra, es decir, un acompañamiento razonado que ilumina nuestro camino para ir descubriendo en qué consiste esto a que hemos venido llamando “poesía”. En este libro, “La voz cantante” (con el subtítulo “Sobre la condición actual de la poesía”), que publica Pagès editors (mayo 2011), el lector encontará claves y ejemplos de cómo interpretar la poesía que se está haciendo y, cosa importante, podrá adquirir argumentos para defender, o no, la validez de las propuestas poéticas que tenga a bien leer.
Un par de cuestiones me gustaría destacar: la primera, una idea que ya ha aparecido en otros momento en estas páginas que es la necesaria distancia que el poeta debe establecer entre la “experiencia” que puede ser el punto de partida de un poema y aquello en lo que el poema finalmente se convierte. Lo dice Luis García Montero, “nadie vive un poema”. En este sentido, la ironía se convierte en un recurso efectivo para evitar el exceso de “sentimentalismo” que puede estropear el texto. Y dos, al final nos queda el poema, es decir, la forma, la experiencia física de algo que es tan intangible como la intención del escritor. En la actualidad, me parece a mí, se explica demasiado el arte. Mala señal. Frente a nosotros tenemos un “objeto” (sea un libro, un cuadro, una pieza musical) que debe ser capaz de hablarnos por sí solo, sin un folleto al lado que nos indique el camino. Si el artista pierde su esencia de artesano, pierde su hilo de unión con el receptor de su arte. A veces puede ser que la conexión falle por falta de formación del receptor, cierto, pero no lo es menos que en ocasiones no hay “catarsis” porque aquello que se nos ofrece es incapaz de generar emoción estética, por muy buenas intenciones que tenga su autor.

Per què llegir els clàssics, avui, de Laura Borràs

El título (“Por qué leer a los clásicos, hoy”) es significativo de una situación actual que resulta chocante y algo preocupante. Precisamente aquello que menos debería tener que justificarse, aquello cuya presencia en la sociedad tendría que estar fuera de toda duda, digo, la cultura (y dentro de ella los y las que la han hecho grande, los clásicos) aparece puesta en duda en el día a día de nuestro alocado mundo. Por este motivo, personas como la profesora Laura Borràs tienen que escribir libros como éste (bendita sea) para que el sentido común vuelva a ser común. Porque el objetivo de la autora con su libro es, prescisamente, despertar en el lector la pasión por la literatura de los clásicos,  desde Esquilo a Joan Margarit, y que les dejemos de ver como fósiles para almacenar en bibliotecas para empezar a tenerles por auténticos compañeros de viajes, amigos con los que compartir alegrías y penas. Esta perspectiva, la de devolver la literatura a la vida, y no sólo a la erudición de unos pocos, creo que es la más adecuada para que nuestra sociedad empieze a darse cuenta de lo que se está perdiendo. Para mi modesto entender, las mejores páginas del libro que nos ocupa son aquéllas en las que la autora pone más de manifiesto esta relación. Por ejemplo cuando leemos:

“Haber leído la poesía nada enferma de Maria-Mercè Marçal cuando su cuerpo sí que estaba enfermo me ayudó a compartir el dolor. A entenderlo. A decirlo de manera más bella. Y es que también en estos momentos la belleza es verdad y la verdad, belleza.”

Sea pues la lectura de este libro una nueva manera de afianzar nuestros pasos, de mantener la esperanza, y, sobre todo, de no autocomplacernos en la minoría y salir, cada día con más fuerza, a buscar nuevos lectores, a invitarles a acompañarnos en un camino de auténtica felicidad. ¡Que así sea por los siglos de los siglos!

 

Poesia, realisme, història, de Josep M. Castellet

Fin de semana de “gangas” en Berga. La familia sale en pleno a la caza de oportunidades y, ¡albricias!, encuentro esta primera edición (curiosamente, de agosto de 1965) de este magnífico librito de uno de nuestros críticos más reconocidos. Muchas de las cosas que se dicen de poesía en estas páginas siguen siendo vigentes hoy en día. Como estos 6 aspectos que debe tener lo que Castellet llama la “actitud realista” en poesía (en contraposición a la tradición simbolista) y que un servidor, muy modestamente, asume del todo:

1.- El poeta de actitud realista se considera como un hombre entre otros hombres, como un trabajador de tipo intelectual.
2.- La experiencia poética se considera válida únicamente como síntoma y expresión de otra experiencia, la personal que comparte con los otros hombres y que el poema tipifica.
3.- La experiencia real del poeta será el campo de acción del poema y en él se operará la abstracción literaria con un sentido narrativo e histórico, representativo y racional como es pertinente a un intento de recreación tipificada de la realidad.
4.- El lenguaje reivindica una función comunicativa de un significado inmediato, primera función de todo lenguaje. Por este motivo, rechaza los términos esotéricos y vuelve a usar las palabras en su significado cotidiano. El lenguaje se vuelve coloquial y directo, sencillo y racional.
5.- El poeta intenta, cuando protagoniza el poema, verse como le ven los otros, como sujeto de un particular sistema de relaciones, es decir, como persona. Pero no siempre el poeta protagoniza el poema: pueden ser protagonistas otros hombres, un grupo social o la sociedad entera, en todo caso, eso sí, tipificados.
6.- El poeta escribe para todos los que están en disposición de sentir y entender la voz del poeta, y con la esperanza de que, a través de su público, su voz llegue a otros, despersonalizándose, haciéndose progresivamente voz colectiva.

Dillatari, de Ponç Pons

Devoro, he de confesar, en dos días este extraordinario libro del poeta menorquín Ponç Pons. ¡Qué delicia! Este dietario desde una isla (de ahí el juego del título), es un grito de agradecimiento a la literatura que conmueve y emociona.  Con la sencillez de los grandes y el convencimiento que otorga la experiencia y la sabiduría nos encontramos con las vivencias de un hombre que, como él mismo dice, es literatura pero que, en absoluto, se encierra en ese mundo para resultar ocurrente o “especial”.  En este sentido es alguien que disfruta con un partido de fútbol con los amigos o llevando a sus hijos a clases de vela (entrañable también)  el amor a la familia y  a Menorca que respiran estas páginas). Este es un libro para hacer lectores, sin duda, porque emana entusiasmo y felicidad por la literatura, sin barroquismos ni erudiciones baratas. Además, Ponç Pons nos regala poemas propios en catalán, castellano, inglés, portugués y francés, con lo que uno desea, con todas sus fuerzas, que el libro no se acabe. ¡Felicísima lectura!