Lo que sé de mis libros

Un espacio para guardar la memoria

Categoría: Libro ilustrado

Els fantàstics llibres voladors del Sr. Morris Lessmore, de William Joyce

William_Joyce¡Qué suerte tienen los niños que les hagan libros como éste! ¡Y que suerte tienen los padres (o quien sea) de tener a un menudito cerca para regalárselo y así poder disfrutarlo también! “Los fantásticos libros voladores del señor Morris Lessmore”, publicado por Andana editoral este año (con ilustraciones del autor y de Joe Bluhm), es un canto maravilloso al amor por los libros y una reflexión extraordinaria sobre el sentido de la vida (y también de la muerte). El cortometraje inspirado en esta historia fue merecedor de un Óscar y también es una delicia. Sus páginas están llenas de sensibilidad, de emoción, de belleza, contadas con una delicadez que enamora, tratando el tema del sentido de la vida con una maestría que los niños agradecen y los adultos contemplan con admiración y asombro. Un libro que te reconcilia con la vida y que te llena de pensamientos positivos. Todo el mundo debería leerlo, los que aman los libros porque sabrán que su camino no les va a defraudar y las personas a las que no les gustan los libros (¡qué pocos libros habrán conocido!) porque entenderán que hay locuras que no lo son tanto. ¡A por él!

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Frederick, de Leo Lionni

A través de mi amiga Mónica llega  a mis manos esta delicia de Leo Lionni, publicada por Kalandraka en 2005 y que ha alcanzado ya su sexta edición. En una “parlanchina familia de ratones” nos encontramos con la presencia algo extraña de un ratón poeta, alguien que se dedica, entre otras cosas, a recoger rayos de sol “para los días fríos de invierno”. A través de unos maravillosos dibujos, el lector se encuentra con la solución a la controvertida cuestión de la función social de la poesía, nada menos: de la misma manera que hay gente (mejor dicho, ratoncitos) que trabajan en múltiples ocupaciones aparentemente prácticas, como recoger comida, etc., Frederick medita, piensa, selecciona para que, cuando los demás lo necesiten, su palabra pueda hacerles más llevadero el día a día de sus vidas. Nada más. Nada menos. Sin distinciones, cada uno dedica su talento al bien común. Es emocionante la última escena del libro, cuando los cuatro ratones “granjeros” aplauden entusiasmados el poema que les acaba de recitar Frederick y exclaman con orgullo: ¡tú eres poeta!.
Una vez más, los adultos podemos aprender de la sencillez y la naturalidad con las que los niños entienden las cosas. Aquí no hay “parásitos” que se aprovechan del trabajo de los otros, no hay “indeseables” que no producen bienestar ni riqueza, no hay “fracasados” que dedica su tiempo a cosas inútiles como la poesía porque les han rechazado en una empresa de informática. Nada eso. En esta historia todos, TODOS, tienen su papel en el mundo y contribuyen a su felicidad. Sin más importancia que la que da el trabajo bien hecho y el pensar en los demás. Si los adultos entendiéramos esto que parece tan simple quizá, sólo quizá, dejaríamos de una vez de preguntarnos “¿para qué sirve el arte'” y nos dedicaríamos, como los ratoncitos de Lionni, a disfrutar de él. ¡Feliz lectura!