Lo que sé de mis libros

Un espacio para guardar la memoria

Categoría: poesía en castellano

Amor sin fin, de Claribel Alegría

410f4dc657ba11e7af540eb04a1bba78Otra forma de conocer poetas y su obra son los premios, es decir, aquellos premios cuyo prestigio sabes que no te va a deparar sorpresas desagradables, al margen de los gustos personales. Y es así como he conocido la poesía de la nicaragüense Claribel Alegría, de 93 años, gracias a la concesión del Premio Reina Sofía de Poesía de este año. En su caso, he de confesarlo, su poesía se encuentra alejada de la que yo leo habitualmente, pero a través de las páginas de este libro (Visor, 2016) he sentido sin ninguna duda la emoción y el acierto de quien navega por las aguas de la poesía con paso firme y saber hacer. Una obra remarcable que merecía un reconocimiento como éste y  a la que, sin duda, volveré a acercarme en el futuro. ¡A leer!

 

(…)
Para encontrar verdades
para que asome el alma
hay que escribir con locura.

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Los ojos de la niebla, de Raquel Lanseros

013Cuando un poeta que admiras y lees te habla de una poeta que él admira o lee, tienes que hacer caso, aprender de los que saben y leerla tú también. Y ésta es la feliz conjunción que ha ocurrido al leer un servidor el último libro de Joan Margarit en el que se habla de Raquel Lanseros. Y yo que me voy a la poesía de Raquel para disculparme por mi dejadez y comenzar una bonita amistad. Además, y para mayor elogio de la poeta de Jerez de la Frontera (por cierto, os recomiendo su espléndida página web, http://www.raquellanseros.com), cuando uno lee su poesía encuentra ecos de otros poetas amados y, entonces, la dicha es completa. Ah, el libro con el que ha empezado esta aventura está publicado por Visor, en 2008. A leer, por favor.

(…)
Justo entonces comprende
la razón de Walt Whitman.
Y comienza a creer
en ese dios magnánimo y pagano
que está vivo en sus pies,
en sus axilas,
en la hierba mojada
en cada ocaso claro como una madre encinta,
en sus ingles de barro
y en el recuerdo vivo de todo lo que ha amado.

Gloria, de Julio Martínez Mesanza

EL reciente Premio Nacional de Poesía, editado por Ediciones Rialp en mayo de 2016, es un libro bellamente editado y con una poesía que gustará a cualquier lector que valore la sensibilidad y el gusto por la palabra. Dejo como muestra un botón. ¡Feliz lectura!

En la noche del mar no pasa nada,
solo que ladran las redondas olas
y las luces remotas te entretienen.
Porque, en verdad, de asombro no se trata,
de las preguntas sobre las preguntas,
del origen del ser y de esas cosas.
Es acerca de ti, que te defiendes;
tiene que ver contigo lo que pasa,
contigo, que te ocultas con tu culpa,
mientras el mar y sus ruidosas olas
y las luces remotas te entretienen,
y el instante sin nadie te consuela.

Mientras me alejo, de Karmelo C. Iribarren

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Uno de esos libros
que devoras en minutos
y que relees
durante toda una vida.

 

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Diciembre y nos besamos

baixaEste libro de poemas,  XXIX Premio de Poesía Hiperión  (Hiperión, 2014) ha sido otro de los felices descubrimientos de estos últimos meses. Su joven autora (Granada, 1991) trasluce un sabio conocimiento de la condición humana que, a tavés de los distintos poemas, nos va sirviendo con exquisita sensibilidad y dominio del idioma. Libro altamente recomendable y una autora a segui. !Feliz lectura!

LA HUELLA INTERMITENTE

Esta imagen perfecta

metáfora de paz y de descanso

ha llenado de sal las peores heridas.

El sol no lucha contra la tristeza

y la arena deshace nuestros pasos

como si nada hubiese

existido jamás.

Pero es solo una etapa,

regresa a recordarnos el asfalto

la huella intermitente del error,

tendremos que aprender a caminar

felices sobre el miedo.

 https://youtu.be/-9pwRsV9xhw

Ficciones para una autobografía, de Ángeles Mora

baixaMe llega el aviso de la concesión del Premio Nacional de Poesía para esta obra, publicada por Bartleby editores en 2015 (anteriormente ya había recibido el Premio de la Crítica). Ángeles Mora, autora cordobesa de ya sólida trayectoria, nos ofrece esta biografía ficticia, en la que el lector no busca la anécdota o la circunstancia de un “yo” concreto, sino que el tránsito que los poemas hacen por la infancia, el amor, la madurez; las reflexiones sobre el paso del tiempo, la relación con nosotros mismos y con los demás, los lugares que nos configuran, nos hablan de nuestra propia vida, de nuestros recuerdos, de nuestro paso por la vida, en definitiva. Poemas que buscan decir cosas, más allá del artificio retórico tantas veces vacío de significado. Poemas con palabras de todos que nos llegan al alma desde la certeza de las cosas bien dichas. Para la muestra, un botón:

La poesía, como el amor,
se escribe cada día.
No basta el poema de ayer
y el amor no descansa.

Algo nos queda siempre sin decir
bajo los versos,
flotando entre los brazos
y los ojos del poema.
Igual que una piel,
al despegarse de otra piel,
desde la plenitud de dos
cae en la soledad
que renueva el deseo.

Por eso, como la noche
inevitablemente
despuerta en la mañana,
siempre vuelvo a escribir poemas,
vuelvo siempre a perderme en ti.

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Balada en la muerte de la poesía, de Luis García Montero

baixaGarcía Montero, como Cervantes, lucha contra los molinos de viento de nuestra época construyendo molinos nuevos, sólidos y firmes, que aguanten los embates de los energúmenos. No hay mejor manera de llorar la muerte de la poesía que con un libro de poemas. No hay mejor manera de acabar con los malos libros de caballerías que escribir uno bueno. Si bien el poeta de Granada nos dice que nadie la ha matado, sí que los que apuntan diariamente contra el fin de todo lo humano, como la poesía,  harán bien en tomar nota de que no les va a ser tan fácil. García Montero escribe un monumento a la poesía y a los poetas, un homenaje a una de las cosas que seguro nos hacen mejores y la edita tan bellamente que uno, cuando se ha secado una lágrima por la verdad de lo que dice el poeta, sonríe de nuevo porque habrá un nuevo testigo en su biblioteca de que no, de que nada ha muerto, de que la poesía sigue viva a pesar de los pesares y gracias, entre otras cosas, a libros como éste. ¡Feliz lectura!

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Ya no es tarde, de Benjamín Prado

imagesLa primera palabra que se me ocurre para estas notas es la de GRACIAS. Gracias a Visor por encargarle a Luis García Montero y a Jesús García Sanchez la dirección de este auténtico lujo que es la colección Palabra de Honor; gracias a Juan Vida por su diseño y, claro, a Benjamín Prado por estos poemas. Al leerlos, me reconciliaba con la idea de poesía que se ha ido esculpiendo en mi interior y que me parece, dadas las circunstancias, que ya no me va a abandonar. Es una poesía en la que el lector se siente a gusto, confortable, como en casa. Y no por su facilidad o su falta de rigor, no, la poesía, la auténtica poesía, nunca es fácil. Se trata, en todo caso, de esa rara sensación que te queda cuando crees, gracias a las palabras, que el poeta se dirige a ti y para ti. En definitiva, son unos poemas que cumplen la función sagrada de salvarnos, de abrigarnos en la intemperie de este mundo que no atiende a razones, de curar nuestras heridas, de reconciliarnos con nosotros mismos. “Un poema que escuche a quien lo lee”, nos dice el poeta. ¡Qué maravilla! Humildad y grandeza en apenas ocho palabras, sabiduría y curiosidad por aprender en el espacio mínimo de un verso. El poeta se esconde tras sus versos y los escucha con nosotros, casi como si no fueran suyos, porque él también necesita de la poesía. Cuando a veces contemplo con preocupación a estos “genios” de las letras que te miran por encima del hombro y que creen que el mundo les debe una estatua en cada esquina, le doy la mano a poetas como Benjamín, como Luis, como Carlos o Luis Felipe, también a Luis Sánchez Rosillo o a Luis Alberto de Cuenca, a don José Corredor-Matheos, a tantos otros y otras que saben que con la poesía tenemos el deber del agradecimiento y que es ella la que nos pedirá cuentas de nuestros actos (de nuestras lecturas) y no al revés. La lectura de “Ya no es tarde” es una terapia necesaria y placentera, a la que volver dejándola en la mesita de noche, cerca de nosotros, por si una noche nos cuesta dormir y necesitamos una voz que nos arrulle con su paz, con su belleza.

(…)

tú y yo

sencillamente

estamo hechos

para ti

y para mí.

Ya lo saben. ¡Feliz lectura!

Sin ruido, de José Corredor-Matheos

corredor1--428x340Tenía pendiente el comentario de este magnífico libro del escritor de Alcázar de San Juan, publicado por Tusquets en septiembre del (ya) pasado año. La escritura de Corredor-Matheos destila belleza y serenidad, reflexión profunda y ganas de comunicar con el lector, ingredientes que en una sabia combinación como es “Sin ruido”, logran un efecto casi mágico en quien lo lee. Recuperamos con él la voz de la sabiduría de nuestros clásicos, que sólo podía encontrarse en aquellas personas con un solido bagaje existencial, con experiencia de y en la vida, dispuestos a compartir su camino con quien quiera acompañarles. Se nos abre así un universo en el que la vida y la muerte, el paso del tiempo, el amor y la amistad, son piezas de un engranaje que realiza su recorrido con serena aceptación, con agradecimiento. Todo aquél que se adentre en las páginas de este libro saldrá fortalecido y un poco más en paz consigo mismo. ¡Feliz lectura!

Deja tu ropa y todo
lo que llevas
en el brocal del pozo
que se ha abierto a tu paso
y arrójate a sus aguas
sin temor.
Bebe luego la luz
que sale a recibirte
como a recién nacido
y empieza nueva vida
que no tendrá ya término.
Tu ropa, en el brocal,
habrá dejado
constancia de tu paso
por esta tierra oscura.

De Ulises a Tintín. Luis Alberto de Cuenca. Revista Litoral n.255

Estos objetos de arte que son las diferentes ediciones de la revista Litoral celebran la llegada de un nuevo miembro a su colección: nada más y nada menos que un ejemplar dedicado al poeta y ensayista Luis Alberto de Cuenca. Cada página es un homenaje al autor madrileño y una auténtica joya del buen decir y del mejor presentar (o viceversa). Artículos sobre su obra, poemas inéditos, una antología temática, recuerdos y vivencias de gente que le conoce, estima y admira, curiosidades (como la de ser Luis Alberto el autor de las conocidas canciones de La Orquesta Mondragón Caperucita feroz Viaje con nosotros.), su insaciable curiosidad por la cultura, desde los clásicos hasta el tebeo, pasando por el cine, la música o la pintura, en fin, el lector encontrará en las páginas de la revista/libro más de una satisfacción y buenos momentos de felicidad.

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No puedo resistirme a transcribir uno de los poemas, que aparece acompañado de una fotografía de un Luis Alberto de pocos años de edad:

  No he cumplido dos años. Aparezco sentado
en las escalerillas de entrada al viejo hotel
donde veraneábamos, sumido en la presunta
lectura de un tebeo (parece un Pulgarcito,
pero la foto es mínima y está mal conservada).
Mis mejores juguetes, los que aún se dan cita
en el café con velas de mi memoria, fueron
aquellos deliciosos tebeos apaisados
de Maga o Valenciana que valían seis reales.
Los deseaba más que a la vecina rubia
a la que José Luis y yo tanto espiábamos
en misa de once. Eran lo mejor que tenía
para vencer la angustia de ver pasar el tiempo
que me hacía mayor, el antídoto ideal
contra todas las penas. Los leía a la hora
de la merienda, cuando la casa estaba
más tranquila, a la hora del pan con chocolate
o del pan con aceite, que dejaba perdidos
de migas los tebeos. Los leía con pasmo,
con avidez, con miedo de que se terminaran.
Nací con un tebeo delante de los ojos
(lo estaría leyendo, tal vez, la comadrona)
y seguiré leyéndolos hasta el último guiño
de luz, antes de hundirme en la definitiva
noche oscura del alma.